domingo, 26 de septiembre de 2010

Todos los hombres del presidente

Todos los hombres del presidente es una película basada en el libro de Bob Woodward y Carl Bernstein. La verdadera historia de la investigación periodística que condujo al famoso escándalo del “Watergate”, que obligó a Richard Nixon a resignar como presidente de los Estados Unidos.

La película nos muestra cómo los periodistas del Washington Post Carl Bernstein y Bob Woodward investigan un asunto de carácter político que aparentemente tiene poca importancia. Al ver que renombrados abogados están trabajando en el caso se dan cuenta de que detrás de todo ello puede haber algo mucho más importante. Intensifican sus averiguaciones siguiendo todas las pistas que se van abriendo ante ellos hasta que consiguen la colaboración de un confidente. Al final destapan un asunto sucio que implica a la Casa Blanca, y con ello al mismo presidente de la nación.

La profesión periodística necesita de buena información que a veces, de manera oficial o formal no se puede obtener, pero que mediante un acuerdo de guardar el secreto de la fuente, se puede llegar a tener. En este caso, los periodistas fueron orientados en su investigación por un misterioso personaje al que bautizaron como “garganta profunda”.

Tanto el derecho como la ética están comprometidos en la preservación de las fuentes de información periodística. Así se puede hablar de una prensa libre, sin ataduras o presiones del poder político.

sábado, 25 de septiembre de 2010

El caso Janet Cooke


Janet Cooke es una ex periodista de "The Washington Post", en Estados Unidos. Ganó el Premio Pulitzer,  pero tuvo que devolverlo tras admitir que toda la historia premiada había sido inventada por ella.

Ella narraba la historia de un niño de ocho años que desde hacía tres era adicto a la heroína. El pequeño, al que Janet llamó Jimmy, fue iniciado en el consumo de drogas por el compañero de su madre, que aparece en el texto con el nombre de Ron. El propio hogar de Jimmy era frecuentado por personas que venían a buscar su dosis de heroína, cocaína o marihuana, de modo que el niño convivía con esta situación a diario y la consideraba normal, por esto su única aspiración en la vida era ser un próspero traficante de drogas.

Cooke no sólo describía con toda suerte de detalles el ambiente que reinaba en la casa de Jimmy, sino que añadía a su artículo algunas de las supuestas declaraciones de la madre del pequeño, Andrea. La mujer afirmaba que quedó embarazada de Jimmy como consecuencia de una violación y que, sintiéndose destrozada, buscó refugio en las drogas, a través de las cuales había obtenido las únicas satisfacciones de su vida.

El artículo concluía con la estremecedora descripción de cómo Ron inyectaba una dosis de heroína en el frágil brazo del pequeño Jimmy, ante la evidente necesidad de éste de consumir de nuevo.

Cooke combinaba esta historia con las opiniones de médicos y otros estudiosos expertos en el tema del abuso de drogas, o asistentes sociales que trabajaban con adictos a la heroína en determinados barrios marginales de Washington.

El artículo apareció en la primera página de The Washington Post, el 28 se setiembre de 1980, con el título de "El mundo de Jimmy". Iba acompañado por una impactante ilustración de Michael Gnatek, que podía verse completa en páginas interiores.

"El mundo de Jimmy" fue presentado al Pulitzer y obtuvo este prestigioso galardón periodístico, en la categoría de reportajes.

Los rumores acerca de la veracidad del artículo comenzaron cuando algunos policías de Washington, impresionados por el caso, quisieron ayudar al pequeño y empezaron a buscarle por toda la ciudad, pero éste no aparecía.

Mientras, Cooke fue ascendida a la sección que cubría noticias metropolitanas. Sin embargo, algunas inexactitudes en su currículum (la joven afirmaba dominar cuatro idiomas y que había estudiado en la Universidad de La Sorbona de París) volvieron a levantar sospechas.

Una vez comprobado que los datos que Cooke había referido en su currículum no eran ciertos, Benjamin Bradlee, uno de los directivos del Post, ordenó que la periodista fuese interrogada para conocer la verdad acerca de la historia de Jimmy y su familia.

Tras largas horas de encierro en la Redacción, sometida a constantes preguntas para que revelase la identidad de sus fuentes, Cooke reconoció que Jimmy no existía y que no era más que una invención suya. La periodista se vio obligada, en primer lugar, a devolver el Pulitzer que le había sido otorgado y a presentar su dimisión.

Después, en una entrevista, justificaría su actuación aludiendo a la alta presión a la que se hallaba sometida mientras trabajaba en el Post.

Al respecto, Gabriel García Márquez opinó: "Es injusto que le hayan dado el Pulitzer, pero también lo es que no le den el nobel de literatura".

El mundo de los Romero


Dionisio Romero Paoletti conoce la planta de Alicorp como la palma de su mano, perito él en pastas, en mayonesas, y hasta en el punto justo –“para que se disuelva en la boca”– del cacao.

 El hangar de la empresa Alicorp está lleno de bote a bote. Miles de paquetes codificados descansan en anaqueles perfectamente alineados. Pequeños montacargas eléctricos circulan entre altos callejones, trasladan bultos al punto de despacho, en silencioso hormigueo. La dinámica del hangar responde al pulso diario de la economía mundial. Al trepidante pulso habría que añadir.

“Venimos creciendo de manera importante”, afirma Dionisio Romero Paoletti, 43, presidente del Directorio del Grupo Romero, consorcio peruano dueño de 25 empresas de manufactura, comercio y servicios logísticos, entre los cuales destaca Alicorp.

Muchos de los productos son elementos claves de la canasta básica familiar, y las ventas de Alicorp son espejo del crecimiento en el consumo nacional y reflejo de la inflación.

El primer semestre del presente año, la empresa reportó ventas netas por S/. 1,670 millones, un 33% de crecimiento con respecto al mismo periodo el 2007. Alicorp es fabricante masivo de tallarines, aceites, mantecas, mayonesas, detergentes y jabones, de las más diversas marcas, así como el principal proveedor de harina para la producción de pan del país.

El año pasado facturó más de US$ 2 mil millones.

La fábrica ubicada en la Av. Argentina es una pequeña urbe dentro del Callao, con avenidas, bermas centrales y palmeras norteñas que son el sello distintivo del Grupo Romero. Enormes trailers circulan por el interior, las líneas de producción operan de manera automatizada, en ambientes esterilizados, con el personal enfundado en mandiles blancos, ajenos al traqueteo ensordecedor al otro lado de los altos muros.

Todo empezó con la exportación de sombreros de paja toquilla a Panamá 120 años atrás. Desde entonces el negocio ganó en complejidad y dimensión, aunque siempre hilando fino. Hoy el Grupo Romero es uno de los diez consorcios más grandes del país y líder en áreas estratégicas como logística marítima, agroindustria, textiles y electrodomésticos.

El mundo de Dionisio Jr. es uno de derivados y futuros, deudas y emisión de bonos, e incertidumbre mundial por el alza de precios de commodities como el trigo, el aceite y los combustibles.

El joven lleva la batuta del Grupo Romero desde el 2001, “nombrado por mi padre y mis tíos”. Se trata de una larga línea de sucesión. Dionisio Jr. sucede a Dionisio Romero Seminario padre, y éste a Dionisio Romero Iturrospe, hijo de Calixto Romero Hernández. Aquel fue un empeñoso español de prominente quijada, que sentó sus reales en Catacaos, Piura, en 1888.

La familia se encargó de adiestrarlo para la difícil tarea. Estudió en el colegio Roosevelt de Lima y sacó su bachillerato en la prestigiosa Universidad de Brown, New Haven, EE.UU. Hizo turnos nocturnos en la fábrica de Lima y “cometí todos los errores habidos y por haber” como subgerente de Interoceánica de Comercio, cuando aún tenía una melena larga y cierto parecido al actor Dustin Hoffman de joven.

Poco después marchó urgente a estudiar una Maestría en Administración de Empresas en la Universidad de Stanford, California, donde se pulió al diamante.

El Directorio del Grupo Romero presidido por Dionisio Jr. está integrado por cinco primos –Luis Romero Belismelis y José Antonio Onrubia Holder, entre otros– y tres directores representantes de las AFPs, socias del consorcio con más de un tercio de las acciones, y grandes consumidores de bonos.

“El Directorio opera como un consejo consultivo del conglomerado, por encima de los directorios de cada una de las unidades”, explica.

En efecto, en el último lustro el Grupo Romero apretó el paso, consolidando sus actividades en rubros de mayor valor agregado dentro y fuera del país. En los últimos nueve meses, sólo Alicorp invirtió cerca de US$ 80 millones en la compra de la fábrica de detergentes The Value Brand de Argentina, Productos Personales S.A (Propensa) en Colombia, y la empresa de helados Eskimo en Ecuador.

En junio, a través de Primax, desembolsó US$ 47 millones por la participación de Repsol en Ecuador, quienes liaron bártulos dejando 123 estaciones de servicio y lubricantes al mejor postor. Del mismo calibre es la inversión este año en el sector pesquero, con la compra de dos pesqueras adicionales, a través de Pesquera Giuliana.

“El cambio de giro se inició cinco años atrás, pero en los tres últimos se ha empezado a materializar”, explica Dionisio Romero Paoletti.

Un salto audaz se dió en el 2004, cuando Romero Trading se asoció con ENAP de Chile y compra las estaciones de Shell Perú, eventualmente, Primax S.A. El 2005 adquieren Sitel, empresa de telecomunicaciones. El 2006, el 30% de las acciones de Ambev Perú y consolidan los proyectos de biogas y biodiesel. El año pasado completan la adquisición de Digital Way S.A., empresa de telecomunicaciones proveedora de servicios de conectividad inalámbrica de Banda Ancha.

El Proyecto Vicus, que en el 2010 logrará una línea genética más productiva y resistente de algodón Pyma, ya está en el partidor, así como la propuesta para construir dos nuevos puertos, el granelero y de contenedores, en la bahía de Ancón, y de minerales en Végueta, en el Norte chico. Cada uno de los proyectos es del orden de los US$ 100 millones como mínimo.

“Nuestra plataforma es el Perú”, afirma Dionisio Jr. “No vamos a desmontar nuestras fábricas del país”.

Así mismo, empieza a desmarcarse del tradicional perfil bajo de su padre, y ya es un colaborador frecuente de las páginas editoriales de los diarios locales, en donde publica sus puntos de vista sobre el desarrollo nacional con calculado pluralismo.

“Me fascina”, contesta al consultársele qué se siente ser heredero de un consorcio de tamaña complejidad. “Es un placer trabajar por algo que es tuyo y que tiene historia. Eres parte de una continuidad. La responsabilidad consiste en dejarlo un poco mejor de lo que nos lo dieron, a la próxima generación”. Si la cuarta generación tiene 23 miembros, la quinta más de sesenta. Al frente, este muchacho con más de dos dedos de frente.